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RESEÑA HISTORICA

FERRETERIA LA LUNETA

En el año de 1925, en un pequeño local situado en la calle San Juan diagonal a la estación Ferrocarril de Antioquia y al frente de la plaza de Cisneros; lugar importantísimo de la ciudad de Medellín; ya que allí llegaban todos los víveres. Así inició lo que en ese momento se llamaba “Cacharrería La Luneta”, cuyo nombre fue tomado de un bar muy famoso y grande situado a la vuelta de la calle San Juan y donde lo que más se vendía en ese momento, eran artículos de aluminio como ollas, chocolateras, y otros utensilios de cocina y hogar.
Su propietario, Don Luis Uribe Ochoa, contrató como empleado al señor Jesús María Vélez Uribe, quien se convertiría en su mano derecha, pues se destacó por su honestidad, excelente servicio, atención y carisma hacia los clientes. Así fue como el señor Uribe Ochoa, no vaciló en nombrarlo administrador. Después de 15 años aproximadamente, decidió cederle el 50% de su pequeño negocio al excelente empleado.

La Cacharrería fue progresando, gracias a la visión que tenía don Jesús, ya que estaba muy atento en ir comprando los artículos que frecuentemente le pedían sus clientes, tales como canillas para lavamanos, serruchos, machetes, clavos, tornillos, etc. Fue así entonces, como Don Jesús Vélez, le sugirió a Don Luis, que le cambiara el nombre de la razón social, y pasó así a ser lo que hoy conocemos como “Ferretería La Luneta”.
Después de 38 años el señor Uribe Ochoa enfermó y en vista de que no tuvo hijos decidió venderle el otro 50% al señor don Jesús Vélez.
Después del fallecimiento del señor Uribe ochoa, Don Jesús, ahora propietario de la ferretería, se vió obligado a trasladarse a un local, en Amador con Bolívar, exactamente en donde hoy en día es la Ferretería el Hogar; allí permaneció unos cinco años aproximadamente, para luego ubicarse en el local que actualmente ocupan.

A finales de 1998 el señor Jesús María Vélez fallece, dejando su legado de una empresa familiar que se acreditó y alcanzó su buena fama debido a la asesoría, buena atención, honestidad y carisma de sus empleados y a los bajos precios que siempre han manejado. Así ha sido por tres generaciones hasta ahora, convirtiéndose en una de las ferreterías más conocidas de la ciudad, gracias al compromiso, amor y dedicación de toda la familia.